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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

La espera ha terminado. El final y el libro completo ya están disponibles en Amazon, no os entretengo, os dejo los enlaces a ...

domingo, 2 de julio de 2017

CUALQUIER HOMBRE


Mi primo Eloy ha fallecido días antes de celebrarse el World Pride, su última voluntad ha sido que tire sus cenizas en Madrid. “Creo que somos algo más que carne y hueso, aquí es donde deseo que queden mis restos, donde fui libre. Además, como no voy a estar de cuerpo presente en el desfile, así aseguro que mi fantasma si que lo esté” dijo riéndose de su ocurrencia.

La historia de mi primo tal vez sea una más de las tantas en las de los homosexuales, de esas que suponen un punto y aparte en sus vidas. Por eso, creo que merece ser contada.

Treinta años atrás, una tarde cuando Eloy jugaba al fútbol, se encontraba en el vestuario después del entrenamiento diario con Gonzalo, uno de sus compañeros. Se habían quedado a solas adrede, para disfrutar de su intimidad secreta. Se besaban, Eloy contra la pared, gemía al contacto de las manos que le acariciaban el torso agitado por la pasión de Gonzalo.
De repente, llamaron a la puerta.



─Gonzalo, ¿estás ahí?


Ellos se detuvieron al instante. El aludido, con la cara desencajada miraba a Eloy paralizado. Éste, mediante señas, le señaló las duchas y Gonzalo corrió a esconderse tras ellas.
Eloy abrió la puerta. Allí estaba la prometida de Gonzalo, Adelaida.

—¿Está ahí mi Gonzalo? —susurró.
—¿Gonzalo? —repitió Eloy.
—Mi prometido.
—Sí, sé de quién hablas.


Hubo unos instantes de silencio. Adelaida miraba por encima de Eloy hacia el interior del vestuario. Eloy trataba de ganar tiempo.

—Habíamos quedado que le esperaba a la salida del entrenamiento y como todos han salido hace rato, he comenzado a preocuparme —explicó ella con voz temblorosa.
—Está aún en la ducha, Adelaida.
—Pero, ¿por qué tarda tanto? —preguntó ella.
—Nos hemos entretenido hablando.

Eloy vio que, de repente, Adelaida le miraba con repugnancia.

—Vaya… —dijo ella—. No quería creerlo… pero, lo que cuentan sobre ti debe ser cierto.

Eloy la miraba perplejo y preguntó:


—¿De qué estás hablando?
—De tus inclinaciones poco morales, de tu desviación a lo que no es propio de tu género. ¡Dios mío, perdóname! Estás enfermo y tratas de contagiar a mi Gonzalo —dijo y arrugó la nariz.



De nuevo, se hizo un silencio. Adelaida se retorcía la manos y Eloy la miraba estupefacto.


—No te permito que me insultes, me faltes al respeto, que me hables en esos términos —articuló como pudo.
—¡Cállate! —gritó ella.
—Lo que yo sea no es incumbencia de nadie.
—De mí sí, tratas de quitarme a mi prometido y no lo voy a permitir, ¡si es necesario te denunciaré! Escúchame, si aún te queda algún principio ético, déjale en paz, no le vuelvas a hablar, olvídate de que existe, deja de jugar al fútbol. Vete de aquí.
—¿Irme?
—Sí.
—Pero ¿te escuchas? Exiges que me largue de dónde he nacido y vivido…
—Estoy muy nerviosa y tal vez no he debido decirte determinadas cosas, por eso te lo suplico, aléjate de mi Gonzalo. Antes de que sea demasiado tarde, ¡Oh, Virgencita!, ¿por qué no tomé cartas antes en el asunto?
—Adelaida —empezó Eloy—. Estás demasiado alterada y no sabes lo que dices. Le diré a Gonzalo que le esperas, no te preocupes.

Eloy se echó hacia atrás e hizo ademán de cerrar la puerta pero la chica le tomó de un brazo para pararle, sus delicadas facciones enrojecieron por momentos.

—Me doy cuenta que no has captado nada. Te exijo que dejes a mi prometido. No finjas, sé que andas detrás de él, marica —dijo arrastrando la última palabra.
—Basta, Adelaida —dijo Eloy, ya enfadado—. Ya que me tiras de la lengua, el que andaba tras de mí como perrito, era él, querida.
—Marrano mentiroso ¡te odio!

La chica comenzó a girarse pero a los pocos segundos se arrepintió y en un mar de lágrimas, volvió a encararse con él:

—Eloy, te lo suplico, no arruines la vida de Gonzalo. ¿Quieres que sus padres lo deshereden? ¿Que la familia lo repudie? Ten compasión, tú eres huérfano de padre y conoces la falta de cariño, sálvalo.


Eloy la miró de pronto asustado, la chica parecía a punto de desmayarse entre tanto sollozo, lívida por completo. Se sentía apurado e impotente ante aquel bochorno de desmesuradas dimensiones. Menos mal que, por los alrededores no había nadie. No deseaba que aquello transcendiera, si llegaba a oídos de su madre, con lo frágil que se encontraba del corazón, podría llegar a matarla. Decidió evitar una tragedia.

—Está bien, tú ganas—dijo Eloy, llevándose una mano a la nuca—. Este verano lo pasaré en casa de mi primo, en Madrid, era algo que ya estaba decidido. Pero ten por seguro Adelaida, que Gonzalo es como es. Para que me entiendas si no soy yo, será otro… Acuérdate de lo que te he dicho hace un momento, no le busqué yo, vino él a mí.

Adelaida, tomó aire y dijo:


—Quédate en Madrid para siempre, haznos el favor.
—Sólo espero que allí encuentre personas con más humanidad, educación y respeto de las que hay aquí —y le dio con la puerta en las narices.

De las duchas salió Gonzalo, su frente estaba empapada en sudor. 

—¿Tú sabes lo que se habla de mí, Gonzalo? —le preguntó Eloy.
—¿Yo? Pues claro… Eloy, es muy evidente.
—Entonces, cuéntame exactamente qué es todo eso tan claro.
—Perdona Eloy, pero eso no es importante en estos momentos.
—Vaya… y ¿qué es entonces?
—Lo importante es ella. Cómo he llegado a permitir que se humille así. ¡Dios mío, perdóname! Ella de buena familia, pura, fiel, cualquier hombre sentiría un orgullo excepcional por convertirla en su esposa.
—¿Orgullo? ¿A ese orgullo aspiras? Tanta falsedad me rechina en los oídos, Gonzalo.

Gonzalo se vistió rápidamente, sin mirarle ni despedirse se marchó. Eloy, sentado en uno de los bancos del vestuario con las manos en la cabeza, se preguntó si su vida iba a ser así para siempre.



© Larrú.