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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

La espera ha terminado. El final y el libro completo ya están disponibles en Amazon, no os entretengo, os dejo los enlaces a ...

miércoles, 21 de diciembre de 2016

REENCUENTRO.

ESTA SEMANA, SORPRESA:
DOS CAPÍTULOS PUBLICADOS, VAMOS A CELEBRAR LA LLEGADA DEL INVIERNO.

                               ⛄⛄⛄



6.-UN PLAN REALISTA


Clavado frente al escaparate de la exposición tomó la decisión de entrar de nuevo al lugar. “No podía irse de allí sin más” había decidido. Cuando la chica le vio sonrió con extrañeza.

—¿Me harías un favor? Esta es mi tarjeta, te agradecería que se la entregaras a Ane —le pidió Jon.

La chica cogió la cartulina y le dijo:

—Se la daré, prometido, aunque no sé cuándo la veré.
—Muchas gracias y perdona por la molestia.
—No es nada.

Jon se marchó un poco más complacido de allí. Seguía con dudas pero al menos, había hecho algo y tal vez, eso ayudará a desenredar la madeja que tenía liada. Regresó a la estación del metro y cuando estuvo sentado, cogió el teléfono y tecleó un mensaje a su amigo Karlos,“¿Qué haces? ¿Quedamos para comer, colega?”

El móvil enseguida silbó la respuesta, “Ok. ¿ A las dos, en el club?”
Jon respondió, “Sí”.

Pensó que así le daría tiempo a cepillar a Corso antes y así, entre pasar un rato con su caballo y comer con su amigo quizá, hasta dejara por unos momentos de ver en su cabeza la imagen de Ane y esa sensación que aún tenía del beso en sueños. Por unos momentos se sintió ridículo con todo aquello. Tan sólo había soñado que besaba a una mujer que ya conocía. En la realidad, podía besar a muchas más. Con abrir la agenda del móvil le bastaba. 




El sentimentalismo no le pegaba nada, ese sueño era como una de esas historias de novela rosa, románticas y empalagosas. Jon pensaba que ese tipo de amor sólo existía en los libros. Se preguntó qué pensaría Ane cuando la chica de la exposición le contara su visita y le diera su tarjeta. Lo más probable es que no se acordara de él o en el caso de que lo hiciera, no le haría ningún caso, pensó él. Al menos, si le ocurriera a él seguro que obraría así.
Tan ensimismado estaba en sus elucubraciones que tardó en darse cuenta que alguien le tocaba en el hombro derecho.

—Eh, Jon, hola.

El miró hacia quién le hablaba y sorprendido contestó:

—Hola, Nerea, no te había visto.
—Ya me he dado cuenta, parecías muy concentrado en tus cosas. ¿Qué tal las vacaciones? Cuatro días y estamos de nuevo en el colegio dando clases. Qué rápidas se me han pasado estas navidades.
—Se han pasado volando, a pesar de no haber hecho nada en particular. Dormir, comer demasiado, gastar en exceso,...
—Vaya plan...
—Sí y aún queda pasar el día de los Reyes Magos.
—¿Vas de cotillón o sales de bares?
—La verdad que no iba a salir, soy casi un cuarentón—se rio y añadió mirándola con picardía— tú saldrás de fiesta, ¿no? Eres aún una yogurina, tienes veintisiete años, ¿no? Si mal no recuerdo.
—Venga, hombre, que si tienes ganas de salir, lo de menos es la edad, Jon... esto, perdona un momento, me llaman al móvil.

Jon la miró con disimulo mientras contestaba a la llamada. Siempre le había gustado la melena llena de rizos negros suelta que le llegaba casi hasta la cintura, le daba un punto salvaje. Desde que trabajaban juntos en el colegio, ella era profesora de música, se le había pasado más de una vez por la cabeza tener algún escarceo sexual con ella. Pero le había echado para atrás el pensar de que siendo compañeros de trabajo no sería compatible, quería tener buen ambiente laboral. Se había dicho que valoraba mucho su puesto de profesor de física y química en aquel colegio como para fastidiarlo por una satisfacción momentánea.

—Ya está, Jon, perdona.
—No pasa nada.
—¿De qué hablábamos?
—De que estoy mayor para salir de fiesta...
—Ja, ja,ja, yo voy de cotillón, si te apetece soltarte la melena...
—No estaría mal.
—Te lo digo en serio, ven si quieres, será en la discoteca de un primo mío. ¿Te animas? Veinticinco euros con derecho a cuatro consumiciones.
—¿Hay que ir de etiqueta?—preguntó Jon medio riéndose.
—No, hombre, arregladillo, sin más. No te preocupes que tú con cualquier cosa estás muy guapo.

“Tú tampoco estás nada mal, chica” pensó sonriéndola.

—No te prometo nada, pero me lo pienso y te lo confirmo, ¿vale?
—Muy bien, bueno, en esta parada me bajo. Espero que vengas, estoy convencida de que lo podemos pasar muy bien juntos —dijo con un leve pero estudiado pestañeo.
—Lo pensaré Nerea, te llamo con lo que decida.

Al verla marchar se dijo que era una pena no conocerla un poco mejor y que acaso, la cita sin confirmar, era un buen plan y sobre todo uno realista, sin sucesos inverosímiles y en estado de plena conciencia. Iba a mandarle un mensaje a Nerea para decirle que a qué hora quedaban cuando oyó por la megafonía del vagón la próxima parada y lo dejó para cuando saliera del metro que iba abarrotado de gente. Por cinco minutos más, Nerea no iba a cambiar de opinión.
Cuando estuvo fuera de la estación, cogió el teléfono y mandó el mensaje. La respuesta no se hizo esperar, en poco menos de dos minutos él leyó: “A las diez en la entrada de las galerías, ¿ok, guapo?”

El le mandó de vuelta un escueto “ok”. Pensó que ya se daría la ocasión de decirle guapa de manera más cercana que a través de la red y empezó a andar un poco más rápido hacia su casa para coger el coche e ir al club de hípica.



*******************


7.-VIAJE INESPERADO




Cuando conducía el coche hacia el club y llevaba diez minutos de trayecto, comenzó a llover de tal manera que los limpiaparabrisas no daban a basto a recoger el agua del cristal delantero. Jon maldijo, el invierno tenía estos desastres casi a diario. Así no iba a salir a cabalgar con Corso, con las ganas que tenía. Al menos comería con su colega Karlos y quién sabe, igual a la tarde había escampado y podía montar a su caballo. La luna delantera se estaba empañando. Al volver los ojos por un instante para comprobar si la ruleta de posición de las rejillas del aire estaba en el lugar correcto y volver de nuevo la vista al frente, observó que el coche de delante suyo había frenado de repente. Pisó el freno hasta el fondo pero  se chocó sin poder evitarlo y el automóvil de detrás suyo lo hizo contra él con igual intensidad. El airbag saltó y detuvo el impacto de la cabeza contra el volante. Jon quiso moverse pero no le respondía el cuerpo. Sintió que se hundía en una oscuridad con muchos puntitos brillantes.
Poco a poco el conjunto de luces pequeñas se agruparon formando un sólo punto diáfano. Tardó unos momento en darse cuenta que se encontraba en un lugar de sobra conocido por él. Estaba en una de las calles de Gorliz, en medio de un bullicio de gente. Miró hacia arriba, había banderines colgados, estaba en las fiestas del pueblo.

—¿Qué es lo que hago aquí? —dijo en voz alta.

Nadie de todos los que le rodeaban le miró. Empezó a andar entre la multitud y se percató que pasaba desapercibido entre ellos. Nadie le miraba, pareciera que fuera invisible, porque ni siquiera al roce se movían hacia él o se molestaban por sus empujones. Sentía un desasosiego profundo.

—¿A dónde voy? —dijo parándose en seco y mirando a su alrededor.

Se acordó de uno de los bares que le gustaba de aquel pueblo y aquellas fiestas, estaba a pocos metros de la calle en la que se encontraba. Tenía buen ambiente, música de su gusto y servía unos gin tonic de muerte. Comprobó al llegar que recordaba bien su ubicación y entró sin pensárselo. Todo seguía igual que cuando él había estado hacía más de diez años. Siempre había sido uno de sus bares preferidos y aquellas fiestas también, pero él y su cuadrilla de amigos dejaron de ir cerca de los treintena. “Las novias fueron las culpables, todo cambió desde que aparecieron ellas” se dijo Jon.
Se acercó hasta la barra, tal vez estuviera alguno de los camareros que recordaba de entonces. Entre codazos y empujones que no parecían importar a los presentes porque permanecían impasibles, llegó hasta uno de los lados y reconoció a dos de los barman de antaño. Echó un vistazo general y no pudo evitar llevarse una sorpresa al ver en la otra punta de la barra a Ane, apoyada indicándole con un gesto que fuera hacia ella.
Jon se obligó a si mismo a quedarse quieto porque sus pies parecían tener vida propia. Ella le miraba sonriente, leyó en sus labios, “ven, por favor” y no pudo frenarse a si mismo. Se dirigió hacia ella atravesando a la gente que continuaban a lo suyo sin percatarse de su presencia.




Aquella mujer le provocaba una confianza impropia, desconocida y que le asustaba pero que instaba sus pasos sin remedio hacia ella.


Continuará...


Si no puedes esperar a la siguiente entrega, dispones de la historia completa a la venta en la plataforma Kindle: REENCUENTRO (España) y REENCUENTRO (U.S.A)



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