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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

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miércoles, 30 de noviembre de 2016

REENCUENTRO.

3.- LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON.




Jon llegó a primera hora de la tarde al club de hípica, Karlos le había mandado un mensaje veinte minutos antes diciéndole que ya estaba con su caballo Dester. Jon se dirigió hasta donde se encontraba el suyo.

—Corso, ¿qué pasa, colega?—dijo pasándole la mano por la cabeza, entre las orejas.

El animal relinchó. Jon le acarició el lomo y le dio unas palmaditas.

—Vamos a dar una vuelta, chico, que nos de el aire, a ver si me despeja la mente.

El sueño que había tenido se había quedado fijo en la pantalla de su mente como si se hubiera atascado la tecla de repetir de su cerebro. Sólo montar en su caballo podía sacarle de ese reiterado círculo, había pensado mientras conducía hasta el club.
Jon ensilló al caballo, comprobó que la cincha estuviera bien apretada y los dos estribos a la misma altura. Satisfecho, sacó al animal y una vez fuera de la cuadra, se montó y dirigió al camino que serpenteaba el acantilado.

—Buuu, qué frío, Corso, vamos a entrar en calor—le dio un suave apretón y el caballo obedeció poniéndose en movimiento.

Galopó en los cinco kilómetros de senda costera entre pinos, helechos y matorrales. Con el viento a su favor y de cara, un sol atípico de diciembre que que se ocultaría en poco tiempo. Antes de dar media vuelta y regresar, estuvo parado, sin bajarse de la montura, contemplando el mar unos momentos desde el pequeño promontorio en el que acababa el recorrido. Pensó que no cambiaría aquel instante por nada, él, su caballo, ese paisaje. Trinomio perfecto. El aire se levantó más fuerte y helador, le trajo también el recuerdo de la mano extremadamente fría que le había tocado en sueños. Un escalofrío le sacó del ensimismamiento y eso le molestó, así que sin más dilación, volvió al recinto del club. Se dijo que empezaba a estar harto de tener esa imagen recurrente en su cabeza. Palmeó a Corso y dio la vuelta.

Karlos le esperaba en el salón social tomando un café.
—Hombre, ¿qué tal?—preguntó Jon tomando asiento en uno de los sillones de enfrente.
—Bien —respondió Karlos.
— Tienes ojeras, ¿has dormido mal tú también? Porque yo he tenido un jodido sueño que me ha dado la noche.
—¿Un sueño?
—No sé, estaba en Bilbao, una tienda de cuadros o una exposición, no lo tengo muy claro. Luego se me ha aparecido un fantasma.
—¿Cómo un fantasma, con sábana y todo eso?
—No, tío, una chica muy pálida, me tocaba con la mano, estaba helada —por unos momentos calibró si decirle que la conocía— ¿Te acuerdas de Ane, con la que estuve en las fiestas de Gorliz? Esa era la chica del sueño, parecía un fantasma.
—Me acuerdo o creo que me acuerdo, de pelo castaño y en coleta, ¿no? ¿ y la has vuelto a ver para que hayas soñado con ella?
—No.
—Qué rarito eres soñando —se rió.

Jon se rio también. Contarle el episodio nocturno le había restado la importancia que parecía estar dándole él en las últimas horas.

—Los sueños, sueños son, ¿no dijo Calderón de la Barca?
—Ese mismo, ja ja.
— Por cierto, ¿y la pelirroja?
—Tremenda.
—Tremenda, ¿eh? —preguntó mientras le hacía una seña al camarero de la barra.

Karlos carraspeó.

—He quedado con ella.

El camarero apareció entonces con un taza que dejó al lado de Jon que miraba a Karlos de hito en hito.

—¿Vas a repetir?
—Creo que sí. Me reí mucho, se llama Enara, ¿sabes que le gusta el cine en versión original como a mí?
—¿Te das cuenta que es la primera vez que repites con una tía?
—Joder colega, suena como si fuera a cometer un asesinato.
—Suena a algo increíble, tu lema siempre ha sido conocer al máximo de mujeres y repetir, no era una opción. ¿No es así lo que has dicho hasta la saciedad?
—Vale, sí. Pero igual es el momento de cambiar —apuró el café que tomaba y añadió—Enara me parece simpática, aparte de cañón y, bueno, que me apetece volver a verla, sin más.
—Eh, tranquilo, que yo no te digo nada, entenderás que me has sorprendido.

Karlos sonrió, dejó la taza en la mesita y se levantó.

—¿Te vas ya?
—Sí, he quedado con Enara para ir al cine.
—Joder, pues si que te ha dado fuerte, ¡hoy mismo la cita!
—¿Por qué dejarlo para otro momento?

Jon se echó una carcajada.

—Ríete capullo. Ya me reiré yo cuando aparezcas con alguna, algún día. Igual con la fantasma de tu sueño... que la carne es débil...

Karlos se abrochó la cremallera del abrigo y se marchó. Jon terminó su café pensando en lo que le acababa de contar su amigo. Ni Karlos ni él habían tenido nunca una relación con ninguna mujer en plan serio ni nada que se le pareciera. Pero hablando de la pelirroja le había notado un tono de voz diferente. ¿De ilusión, tal vez? “Sí, si que era eso” se dijo. ¿Algún día el mismo sentiría ilusión? ¿La sintió con Ane hace veinte años? Se divirtieron, sí, pero tanto como para volver a quedar después de los dos días de fiesta, no le pareció. ¿Por qué había soñado con ella?
Su fantasma o lo que fuera, le hacía cuestionarse cosas de las que ni siquiera se había percatado. Eso le empezaba a enfadar y poner dolor de cabeza. Además de tener ya hambre y sueño.



Miró el reloj, aunque estaba de vacaciones navideñas y no tenía prisa, decidió marcharse a su casa.  Se prepararía un sándwich de jamón y queso y luego esperaba poder dormir aquella noche plácida y largamente.


Continuará...

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