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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

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miércoles, 23 de noviembre de 2016

REENCUENTRO.




2.-UN FANTASMA DE CARNE Y HUESO


Se despertó pasado el mediodía del domingo por culpa de los petardos navideños. Oía el ruido que hacía la gente por la calle disfrutando del aperitivo matinal. Se resistía a salir de la cama, no podía dejar de pensar en lo que había soñado, lo había sentido muy real... el tacto de esa piel en la suya. Se tocó la mano, se estremeció al recordar cómo le había quemado el apretón que le había dado.

En el sueño caminaba por la gran vía de Bilbao. Era de noche, las luces azules de la decoración navideña envolvían la calle, los edificios, los coches. Iba solo, sin saber adónde se dirigía, pero se sentía agusto. En un momento, se paró enfrente de un escaparate de una tienda de decoración. Le llamó la atención los cuadros que se exponían allí. En concreto, una pintura le pareció muy bonita, se veía un estanque de agua verde con nenúfares y por encima mariposas revoloteando. En el centro, había una figura de mujer de cabellos largos y cobrizos inclinada cogiendo agua en las palmas de sus manos. Se dio cuenta que la tienda estaba abierta a pesar de lo tarde que parecía ser. Se palpó los bolsillos del pantalón y de la cazadora, no tenía la cartera, no podía comprar el cuadro. Se fue de allí triste.
Un poco más adelante, llegó a la plaza Moyúa y se sentó en uno de los bancos cerca de los jardines.


Miró a su alrededor, no había nadie más que él. Todo estaba desierto en el centro de Bilbao. Entonces, notó que alguien se sentaba a su lado y giró la cabeza. No le costó reconocer a la mujer que se había aparecido a su lado. Era Ane, la Ane que conoció hace muchos años. Con el pelo recogido en coleta y pálida, le sonreía y Jon le devolvió la sonrisa.

—Hola Jon—dijo con voz hueca.
—Ane... —en el sueño sentía la boca torpe.
—¿Me recuerdas? —preguntó ella sin dejar de sonreírle.

El asintió y ella acercó una mano a la suya. Le dio un pequeño apretón que le electrizó el cuerpo por el frío que desprendía. El se apartó del susto.
La cara de ella se entristeció y dijo:

—Yo a ti también, Jon.

Entonces, una pequeña explosión le había despertado. “¿Pero no habían prohibido la venta de petardos?” se había preguntado molesto.

No recordaba nada más. Jon cerró los ojos para tratar de rememorar el sueño. Sin duda era Ane, una chica con quién tuvo una corta relación cuando el tenía diecinueve años y a quién desde entonces, no había vuelto a ver y de la que desconocía su paradero. La había visto en el sueño tal como era entonces, con mucho más detalle de lo que podía acordarse estando despierto.
“Tú siempre fuiste mi chica especial y no lo supe hasta que dejé de verte” pensó Jon.
Se preguntó a qué venía soñar con ella veinte años después, pasear por la gran vía en navidades, parar a ver un escaparate, admirar un cuadro y querer comprarlo. Las dos partes del sueño eran incongruentes entre sí. Aparte de que nada de aquello era usual en él.
Se tocó la mano, le parecía sentir aún la piel abrasiva de Ane. La imagen en su sueño parecía la de un fantasma, esa tez blanquecina y su tono al hablar le daban ese aspecto. “Pero un fantasma no puede ser porque los fantasmas ni se tocan ni se sienten. Además Ane no va a estar muerta. En todo caso, he soñado con un fantasma de carne y hueso” pensó Jon. Se frotó los párpados, estaba dándole muchas vueltas a algo que no era más que un sueño. Se dijo que mejor era olvidarlo.


Sin embargo y al contrario de lo que había decidido, estuvo todo el día acompañándole en su cabeza.


Continuará...



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