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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

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jueves, 2 de julio de 2015

PRÓLOGO. UN RECUERDO PARA TODA LA VIDA.



PRÓLOGO.

UN RECUERDO PARA TODA LA VIDA.


—¡Eh, Lina, la que llegue a la boya azul la primera elige peli para ver esta noche!—gritó Ruth.
—Venga, allá vamos, pero quiero que sepas que eso está chupado.

Las dos chicas se tiraron al agua y comenzaron a nadar con brío en dirección a su meta.

—¡Chicas, cuidado, hay mucho oleaje!—les advirtió una socorrista con moño alto que hacía la ronda por la orilla de Playa Mana Loa —¡No os adentréis mucho, también hay corrientes!

Ruth y Lina sabían nadar desde los ocho años, entonces y ahora, con los quince recién cumplidos, a las dos les encantaba retarse a ver quién era más rápida. Ruth, de mediana altura, era delgada pero de formas redondeadas, lo que más destacaba era su melena color castaño con algunos reflejos miel que se iluminaban al darles el sol. Lina era algo más alta y muy delgada, rubia con ojos verdes llenos de vitalidad.

—¡Ruth! ¿Qué haces? ¡Te estás torciendo!
—¡Son las olas! ¡Me empujan!—dijo con preocupación Ruth.

El mar con su vaivén fuerte la estaba alejando de Lina y llevándola hacia las rocas del acantilado. Ruth trató de regresar hacia donde estaba su amiga pero las fuerzas marinas la empujaban al contrario. Comenzó a alarmarse y el corazón parecía salirse del pecho pero se dijo a si misma que podía hacerlo y continuó nadando. Lina, por su parte, decidió ir en su ayuda pero de pronto le entró pánico sólo con imaginar que las arrastrara a las dos contra las rocas y paró.

—¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!—gritó Lina en dirección a la orilla.

Cuando se volvió a mirar donde estaba Ruth, repitió su llamada con todas las fuerzas que sacó de su interior. Ruth se acercaba al acantilado y su vida corría peligro, a Lina se le pusieron los pelos de punta y eso que se encontraba dentro del agua.

El acantilado, tan hermoso entremezclado de verdes, marrones y grises salvajes visto desde la orilla, se perfilaba detrás de Ruth como un lugar de muerte. Si su amiga se golpeaba contra alguna de aquellas rocas, el choque podía resultar mortal. Sin embargo, al llegar a los primeros escollos, Ruth había logrado agarrarse a uno de ellos y oyó su voz pidiendo ayuda con desespero.

Ruth, respirando afanosamente, miraba hacia a su amiga y hacia la orilla. Había muchas personas y comprobó que los socorristas empujaban una lancha hacia el agua, pero pareciera que el tiempo se hubiera ralentizado, porque le daba la impresión que toda aquella escena que estaba viviendo iba a cámara súper lenta y ella no sabía cuánto más podía aguantar asida a esa roca. Las olas le atizaban y trataban de llevársela de allí. Finalmente, tal cómo se había temido, la fuerza del mar consiguió que se soltara de su amarre. De pronto, se sintió arrastrada y que su cuerpo no respondía al mandato de salir a flote. Oyó el sonido hueco de un remolino de burbujas y quiso llorar y gritar de desesperación. Le pareció que el tiempo se paraba definitivamente porque todo a su alrededor se había quedado quieto, incluso el agua había desaparecido a su alrededor.
De pronto, una forma nebulosa se le puso de frente y habló:

—Aguanta, vas a vivir, tranquila—era una voz masculina grave con un tono lleno de cadencia.
—¿Quién eres?—Ruth se sorprendió de haber hablado, era como si estuviera en un sueño, poco a poco fue enfocando la forma que se había dirigido a ella, vislumbrando una silueta humana.
—Tienes que luchar, Ruth.

Vio que era un hombre joven pero mayor que ella envuelto en un halo luminoso sosegado. Distinguió su mandíbula cuadrada con una barba incipiente y oscura. Al detenerse en sus ojos, le hipnotizó su mirada azul.

—Pero, ¿quién eres?—preguntó Ruth—. ¿Estoy soñando?
—Sí, es algo así, enseguida has de despertar y no te acordarás de mí.
—Suelo acordarme de lo que sueño.
—Esta vez será mejor que no, puesto que estás en el umbral de la muerte...
—Entonces, ¿tú quién eres? ¿San Pedro?—insistió ella.
—No, no—él se rió y añadió—aún no he llegado a conocerle...
—¿Entonces, quién eres?
—Me llamo Hugo.
—Yo Ruth, aunque antes me has llamado por mi nombre, algo que no entiendo, ¿de qué me conoces?—preguntó pero de pronto sintió una pesadez que le embargaba como cuando empezaba a dormirse.

Hugo extendió un brazo y la tocó lo que le provocó un hormigueo en el cuerpo,cuando él habló pareció un eco a pesar de que aún estaba frente a ella:

—Va siendo hora que regreses, Ruth. Cuídate y hasta siempre.
—Espera...—le costaba articular palabra debido al extraño estado en el que se sumía.— ¿Te volveré a ver?

La figura de Hugo fue difuminándose ante sus ojos como las últimas imágenes de algunas películas. Entonces, fue cuando abrió los ojos y tras algunos momentos de aturdimiento, se vio tumbada y rodeada de varias personas.

—¡Menos mal, Ruth! ¡Qué susto nos has dado!—le abrazaba su amiga Lina.
—Mira que os lo había advertido, chicas—dijo la socorrista de moño alto—¿dónde están vuestros padres?

Lina le contó que estaban con los padres de Ruth alojados en los apartamentos del Gran Hotel Playa Mana Loa y que éstos se habían quedado tomando el sol en las piscinas del recinto.

—Vamos a llevarte a la pequeña clínica del pueblo para que te mire bien un doctor y tenemos que avisarles a ellos. Lina, puedes acompañarla.

Ellas asintieron. Lina no soltó a Ruth hasta que la postraron en una camilla y la levantaron otros dos socorristas.

—Por cierto, me llamo Maia. Vamos allá, Ruth.

En el trayecto, Lina y Maia le relataron que había tragado bastante agua y había quedado inconsciente, incluso Maia le había aplicado la respiración asistida y el masaje cardíaco.

—A mí me ha parecido que estaba dormida, hasta he soñado con un ángel—dijo cerrando los ojos para visualizarlo en su mente.
—Habrá sido cuando estabas inconsciente—dijo Lina.

Maia le acarició el brazo izquierdo y comentó con una sonrisa:

—Un ángel de la guarda porque hoy tu vida ha estado en peligro o...—Maia hizo una pausa y añadió—bueno... el caso es que estás sana y salva, sólo vamos a la clínica para asegurarnos al cien por cien.

Al roce de la piel de la socorrista con la suya Ruth notó un suave cosquilleo que se expandía a lo largo del brazo, casi igual que el que le había producido el hombre de su sueño pero en menor intensidad. Ella miró a Maia y ésta le correspondió con un simpático guiño.

Permanecieron en silencio hasta que llegaron al centro de salud.

Tras el reconocimiento general médico, el doctor dictaminó que la encontraba bien pero que descansara al menos veinticuatro horas. 

Los padres de Ruth, asustados por el grave incidente, decidieron regresar a casa antes de lo previsto, a pesar de las súplicas de las dos amigas por quedarse en Playa Mana Loa prometiendo ser más cuidadosas.

“Podía haber ocurrido lo peor, se nos han quitado las ganas de continuar las vacaciones, ay si encima, llega a sucederle algo a Lina, nunca nos lo perdonaríamos” dijeron categóricamente.

A los dos días se marcharon. Una vez montados en el avión, Ruth cerró los ojos. Se le había grabado en la memoria aquella tarde para siempre, el accidente, las ensoñaciones, Hugo. Su ángel.
El desafortunado episodio se había convertido en un recuerdo para toda su vida.
Volvió a abrir los ojos y mirando por la ventanilla se dijo para sí misma: “Volveré, esto es sólo un hasta luego.”





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Gracias por tu tiempo, abrazos.








8 comentarios:

  1. Hola mi bella amiga Larru',
    Precioso como todo lo que escribes, yo también me hubiera impactado con semejante angel.. Y como siempre nos dejas con la incógnita por lo menos a mi,mucho muy intrigada porque soy muy curiosa. jajaja saludos y un enorme abrazo mi linda amiga.Feliz Domingo...... Evangelina ... :-*

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  2. Hermoso escrito, en verdad un placer el leerte, gracias por compartirlo...:))

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  3. Jejeje, un recuerdo así es difícil de olvidar. Interesante comienzo. Éxitos, mi querida Larrú. Besos!

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  4. Me resulta muy bien resuelto, amiga. De mucho gusto.

    Abrazos

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  5. Hola me encanto el cuento estuve a la expectativa hasta el final, éxitos y abrazos

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  6. Me fascinó querida Larru, que tengas una feliz tarde, y espléndido fin de semana, gracias por compartirlo, un abrazo!

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  7. Me fascinó querida Larru, que tengas una feliz tarde, y espléndido fin de semana, gracias por compartirlo, un abrazo!

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  8. Hola, Larrú.
    Me gustó aunque no veo el motivo de adelantar las vacaciones, solo por un ángel de la Guarda, jajajajaja...

    Un abrazo.

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