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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

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sábado, 26 de abril de 2014

CICLAMOR




El mismo aspersor de la vez anterior, y de otra más, había vuelto a saltar. Gisela se acercó a cortarlo. “Tendré que cambiarlo o que lo mire alguien porque está visto que va a dar la lata” pensó mientras regresaba al cobertizo del jardín. Buscó en el armario de utensilios si había algún otro para reemplazarlo. No lo encontró. Iba a buscar en una de las cajas de herramientas cuando escuchó un leve clic. “No, otra vez, no” dijo en voz alta. Salió del cuarto.
Por cuarta vez en la misma tarde, corrió a apagarlo. Lo miró durante unos segundos. No es que fuera fontanera, pero a ella le parecía que el aparato estaba en buenas condiciones. No entendía nada. Pensó que debía cortar la llave de paso de agua de la casa antes de marcharse a la noche a su casa, si no aquel aspersor tiraría agua sin fundamento toda la noche y parte de la mañana, hasta que ella regresara al mediodía.
Por un momento, mirando al rociador, pensó en si alguien estaba gastándole una broma o algo así. Pero, ¿quién? Las paredes raseadas y grises que rodeaban el jardín medían cuatro metros y medio, imposible que algún gamberro hubiera saltado. Además al recinto sólo se podía entrar por uno de sus pasillos laterales de la mansión burguesa. Bueno, sin contar que la entrada la franqueaba Lorenzo, el guarda de seguridad. Un tipo al que le gustaba llevar la mano a su pistola al dar las buenas tardes cuando Gisela le saludaba al llegar a su trabajo. La gran vivienda estaba deshabitada, Gisela se dedicaba al mantenimiento de la misma y el jardín y su compañero, de la vigilancia durante el día. Por la noche, dejaban el sistema de seguridad activado. La dueña, una octogenaria con más millones que canas, deseaba venderla y quería que estuviera en buen estado.
No podía ser nadie quién hiciera saltar el aspersor, algo fallaba y no había que darle más vueltas. Lo cerró con fuerza y miró alrededor. Se fijó en una planta en la que no había reparado, a unos palmos de dónde se encontraba. Se acercó y la tocó intrigada. No reconocía aquel brote pequeño y frágil en mitad del césped, en tierra de nadie. A la derecha se encontraban los gladiolos y a la izquierda un estanque circular. ¿Qué podía ser aquello que crecía allí? Tiró un poco del tallo y se sorprendió al notar su sujeción fuerte en el suelo. De pronto, sintió una lluvia que le empapaba. Soltó la planta y maldijo. Empapada corrió a cerrar el aspersor que había vuelto a abrirse, esta vez usó una llave inglesa que llevaba colgada en el cinturón. Le dieron ganas de romperlo o arrancarlo.
Tengo que llamar para que lo revisen sin falta” se dijo mientras se dirigía al cobertizo a por una toalla.
Cuando terminó de secarse, cogió el móvil y buscó en una página de internet de anuncios de servicios, algún fontanero que quisiera venir esa misma tarde o al día siguiente. “Cuanto antes lo solucione mejor” pensó. Marcó el teléfono de un tal Jon Mendiola, el anuncio decía “urgencias y salidas exprés”. Así saldría luego la factura, pero eso era cosa de la señora de la casa. No pondría objeciones a ello, porque el primer día de trabajo ya le había aclarado que gastara lo que hiciera falta en la conservación de toda la propiedad.
Mientras hablaba con el hombre y le explicaba su problema, se asomó por la puerta del cuarto.
No, no, ¡otra vez!—exclamó sin darse cuenta que hablaba por teléfono.
¿Cómo dices? —dijo el otro al otro lado de la línea.
Ay, perdona, es que ha vuelto a abrirse el aspersor, el que me está dando problemas. Tengo que ir a cortarlo. Lo que te decía, no sé qué leches le pasa.
Mira, tengo un hueco ahora, en quince minutos me acerco, la calle que me has indicado está en Getxo¹, ¿no?
Sí, sí, hasta luego.
Colgó y fue a cerrar el dichoso trasto. Esta vez no fue capaz. Parecía atrancado. Ni siquiera con la llave inglesa podía moverlo un milímetro. Qué desastre de aparatito. Decidió cortar la llave general del agua, tendría que avisar a Lorenzo y de paso, anunciarle la llegada de Jon, el fontanero. Trató por última vez de girar el grifo y fue cuando vio de nuevo la planta en la que había reparado con anterioridad.
Lo que vio la dejó estupefacta. La planta había crecido, le llegaba a la altura del ombligo. Quiso acercarse pero por un momento, paró su intención. Sintió un leve escalofrío, ¿estaba alucinando? Se frotó los ojos. Despacio anduvo hasta ella. Llevó la mano con un ligero temblor a una de las hojas. Suave, tersa, con forma de corazón. Alarmada e inmóvil la miraba, preguntándose qué estaba ocurriendo. La voz de Lorenzo la sacó de su cavilación:
Gisela, ha llegado un fontanero, Jon Mendiola.
Lorenzo hablaba desde la puerta de acceso al palacete.
Sí, le he llamado yo, Lorenzo, tengo un problema con uno de los aspersores del jardín. Déjale pasar.
Lorenzo desapareció en el interior de la casa y, en un par de minutos, salió un hombre joven con pantalones caídos. En una mano portaba un maletín y en la otra una bolsa de loneta verde.
Hola, soy Jon, hemos hablado hace un rato —dijo y le ofreció la mano.
Gisela extendió la suya a su vez y se presentó. Se excusó un momento para ir a cerrar la llave general. Se le había olvidado por completo que el agua seguía saliendo sin control. Cuando regresó hasta donde el chico, éste ya se había agachado y manipulaba el aparato. Gisela observó que fruncía el entrecejo y achinaba los ojos. Le resultó gracioso.
No le veo nada raro, el mecanismo está en buenas condiciones, esta marca de grifos es de buena calidad.
Pues lleva toda la tarde saltándose y me da miedo que cuando me vaya, lo vuelva a hacer y esté toda la noche regando.
Si quieres lo cambio, pero te aseguro que está bien.
Vale, vale, te creo— dijo Gisela dándole un soplido a su flequillo—. ¿Qué te debo?
Jon sacó de su maletín la libreta de facturas y garabateó en ella. Al darle el papel, comentó:
¿Vives aquí?
Gisela miró sorprendida al chico. ¿Tenía pinta ella de tener tanto dinero? Sonrió, ya podía ser.
Qué va, trabajo aquí. Toda esta mansión y jardín pertenece a doña Elisa Ibaiondo, ella es la gran señora de todo esto.
Es una pasada, este jardín es muy chulo. ¿Y cuidas de todo esto, eh?
Lo llevo bien, hasta esta tarde que el dichoso aspersor se ha vuelto loco —miró a la planta sin mencionar lo extraño de toda ella.
El chico se rio. Comenzaron a andar y ella le acompañó hasta la puerta de salida. Al volver, abrió el paso general del agua porque debía limpiar las baldosas del patio delantero y fue a comprobar el aspersor, no había saltado. Pero no tenía tan claro que no volviera a ocurrir.
Dirigió la vista hasta la planta misteriosa. Increíble. Había crecido, al menos, treinta centímetros más. Estaba tomando forma de árbol. Aquello comenzó a asustarla. Regresó al interior de la casa y buscó a qué tipo correspondía, en uno de los libros del jardín que la dueña le había dicho que tuviera a mano para el cuidado del mismo. El tomo, en cuestión, contenía todas las clases de plantas, flores y árboles que habían sido plantados en aquella tierra desde hacía medio siglo. En la parte dedicada a los árboles encontró lo que buscaba. Debía ser aquello. Un cercis siliquastrum. Nombre común, árbol del amor, ciclamor. Hojas en forma de corazón y flores de rosa pálido. Una fotografía demostraba que, en el mismo lugar donde había salido la misteriosa planta, había habido un árbol del amor, antaño. Gisela no sabía qué pensar. Cogió el teléfono y llamó a doña Elisa, con la excusa de la visita del fontanero le preguntaría por aquel árbol fantasma.
Sí, querida, cuando yo era pequeña recuerdo que hubo ese árbol en el jardín. Una rayo lo destruyó y la verdad que mi padre apenado, no quiso volver a plantar ninguno. Decía que bajo la sombra de sus ramas y sus hojas le había pedido matrimonio a mi madre. Romántico, ¿verdad? Y dices que está saliendo uno en el mismo lugar, Dios Santo. Con razón se dice que todos los seres vivos tienen un alma. Déjalo, Gisela, tal vez de cobijo a otra historia de amor como la de mis padres.
A Gisela todo aquello le pareció una tremenda locura. Pero sus ojos no le engañaban, ni su tacto. Un ciclamor había nacido y estaba creciendo allí, de nuevo en el jardín. Si tenía alma o no, no lo sabía. Si albergaría una historia romántica, eso sólo era una casualidad. Se acordó de pronto del aspersor. Miró a través de la ventana. Seguía quieto, sin dar guerra. Se dio cuenta que gracias a él, había reparado en la planta. La planta que ya tenía la forma definida de árbol. Tal vez, el ciclamor se había confabulado con el aspersor para que ella se percatara de su existencia. ¡Qué disparate!
El móvil, de pronto, sonó. Un número desconocido. Descolgó.
Hola, Gisela, soy Jon, hace un rato he estado mirando un grifo que daba problemas.
Sí, sí.
¿Ha vuelto a saltar?
No, está formal, ja, ja,ja. ¿Llamas por eso?
Bueno, por eso y por que bueno, igual te parece atrevido, no nos conocemos, pero es que, me apetece tomar una cerveza contigo cuando salgas de trabajar, si tú quieres.
Esto... —lo pensó mientras miraba al jardín, en concreto, al ciclamor.
¿Te apetece? —insistió.
De pronto, la tarde con sus acontecimientos surrealistas y las palabras de doña Elisa, le llevaron a decirle que sí, ¿por qué no? Quizá el ciclamor tenía su segunda oportunidad y ella la suya.
¿A las diez te parece bien? —dijo ella sin apartar la vista del árbol.
Del todo, nos vemos Gisela.
Sus ojos comprobaron cómo el ciclamor lo aprobaba estirando sus ramas y tomando un poco más de altura y esplendor.

(1) Getxo población de la provincia de Vizcaya.



(Historia registrada y protegida en Safecreative y Myfreecopyright)


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Por último y muy importante, disfruta del placer de la lectura y el tiempo en el que te evades gracias a ella.







9 comentarios:

  1. Es un árbol-cupido, una mezcla de amor y misterio

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    1. Un árbol mágico que no quiere dejar su vida...
      Gracias Alejandra, abrazo!

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  2. ANTE CIERTOS LIBROS,UNO SE PREGUNTA,QUIEN LOS LEERA?.......Y ANTE CIERTAS PERSONAS,UNO SE PREGUNTA,QUE LEERAN?..........Y ACASO NOS
    PREGUNTAN A NOSOTROS LOS FANTASMAS QIE NOS GUSTA LEER...........

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    1. Estos fantasmas cuentan sus historias particulares que tal vez no gusten a algunos... como sucede en la vida nuestra. A ti qué te gustaría que te contasen? Saludos!

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  3. Original la manera en que has mezclado los elementos. Romanticismo y suspense a partes iguales.
    Comparto. Un abrazo

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    1. Gracias Marybel, tocaba un poquito de amor mágico con ayuda de fantasma fuera de lo humano;)
      Saludos guapa!

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  4. Relato impresionante, estremecedor, justo lo que necesitaba para pensar un poco antes de dormir, me ha gustado tanto que lo volveré a leer, no sè si existe el tipo de planta/árbol que aparece en la historia, pero si no fuese así, debería existir. Confabulaión de un ser vivo (cliclamor) con un objeto inanimado (aspresor). gracias Larrú, me ha encantado.

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    1. Si que existe y es precioso. Búscalo en google imágenes, ya verás qué esplendor.
      Gracias Juan Carlos! Un abrazo.

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  5. Me ha encantado, pero que bonita historia... Y mira que el árbol es bonito de veras. No puede albergar bajo sus hojas nada mejor que un amor.

    Precioso.
    Un beso.

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